« Canticum Mortis — Liturgia del Archivo Profanado »
ESTROFAS I - IV
I.
En los días en que el santuario fue corrompido, las sagradas hojas del mercado de cartas no ardieron con fuego vulgar,
sino que fueron sepultadas en la silenciosa cripta de la biblioteca digital...
Allí donde los mercaderes y duelistas acuden a registrar sus tesoros, en aquel vasto catálogo de memorias y reliquias,
yace una ficha que jamás debió ser encuadernada.
II.
Los escribas del templo advierten: no busques su estampa entre las cartas benditas ni en los estantes iluminados.
Ella vaga como una anomalía maldita, un fantasma que los monjes llamaron la devoradora;
su nombre de doncella ha sido rasgado por la putrefacción de las sombras y sus ojos vacíos reflejan el código del abismo inalcanzable,
aquella cifra de los archivos perdidos que ningún servidor mortal logra hallar: el número del extravío eterno... 404.
III.
Los necios se acercan con monedas de plata y promesas de oro, pero ante su presencia la codicia terrena se desvanece en ceniza.
En la casilla del tributo no hallarás centavos ni divisas de este mundo:
la entidad únicamente concede su bendición prohibida a quien consienta entregar lo que arde en el centro de su pecho...
el precio exigido en su letanía fúnebre no es otro que tu propia alma.
IV.
Escudriña, viajero de ultratumba, las galerías del catálogo. Filtra con prudencia entre las cartas olvidadas,
encuentra la efigie de la que nunca debió existir y arranca el fragmento oculto antes de que el grimorio reclame tu juicio final...